
Su camino parecía claro, pero estaba casi perdido cuando, a la edad de elegir, se puso a buscar un «trabajo de verdad». Por suerte, cuando los planes serios fallaron, apostó por las tres tablas que tenía de antemano y le salieron los números correctos. La vida es un juego, por eso los niños lo tienen fácil. Julien Durix es un chico que se divierte. Y el chico es popular: las galerías Bartoux que lo ficharon pronto exponen su obra en los campos de París, las playas de Normandía y las pistas de Courchevel, pero también en Singapur y Nueva York.